Adiós Nonina
A todas las niñas de la guerra
Hoy hace años que te fuiste y encontré esto traspapelado...
Parece mentira que te vayas a morir. Estoy casi convencido de que de un momento a otro vas a mejorar, como siempre, y dirás “ay, qué malita estuve”. Te he escuchado tantas veces decir esa frase… En mi mente siempre ha rondado la idea de tu muerte pero en mi percepción del mundo tú ibas a ser inmortal. Siempre ibas a existir en mi imaginario de vida. El sonido de tus chanclas de verano recorriendo el pasillo, tu pelo dorado, el tacto suave de tu piel oliendo a un perfume fresco. Tus desvelos acompañando a mis empachos, mi cabeza posada en tus piernas, tu mano tocando mi vientre, mi vista puesta en tus manos estirando tus arrugas y tu sonrisa pensativa: "ay, la vejez".
Mi abuela tenía los ojos verdes. Era un verde especial, tan cristalino que podías ver sus pensamientos a través del iris. Nació una mañana fría de enero. Siempre nos recordaba que el médico le había dicho a su madre que, o dejaba de tener niños o sus hijos dejarían de tener madre. Y así fue como ella fue la trigésima hija, la más pequeña de todas, la última de su estirpe. Con ella murieron todos los recuerdos, todas las anécdotas de guerra que jamás se atrevió a contar. Se apagaron, traslúcidos, detrás de su retina.
Cerraste tus ojos por última vez a las 6 en punto de la mañana. Yo sostenía tu mano. Un ambiente, como de otra densidad, inundó la estancia. Se respiraba una ingrávida paz. Mi mente me habló en italiano, recitó unos versos que insólitamente habían estado años esperando para emerger. No eran míos -qué más da que lo fueran.
«La mina vagante se n'è andata. Così mi chiamavate, pensando che non vi sentissi. Ma le mine vaganti servono a portare il disordine, a prendere le cose e a metterle in posti dove nessuno voleva farcele stare, a scombinare tutto, a cambiare piani (...)
Devi tornare qui Antonio, perché è qui che appartieni, avrai la terra, la forza che vive quando noi moriamo»
Cuando alguien me pregunta por qué regresé tardo unos segundos en elegir la respuesta. La miro a los ojos y, si son cristalinos, le cuento la verdad.
Hoy te pensaré en la cocina, al olor de los fogones: de pimienta, laurel y azafrán. De fondo una copla de Buika. De alguna manera, vuelvo a sentirte más cerca de mí.
Hoy te pensaré en la cocina, al olor de los fogones: de pimienta, laurel y azafrán. De fondo una copla de Buika. De alguna manera, vuelvo a sentirte más cerca de mí.

No hay nada como el amor de abuela, son muy grandes y siempre nos acompañarán, esa suerte tenemos :)
ResponderEliminar