Escritura creativa (I)




CONSIGNA – Llegas a casa y te encuentras con un hombre en tu cocina que afirma ser el diablo. ¿Qué haces?

No había tenido tiempo aún de cerrar la puerta cuando me pareció ver una sombra negra junto a la despensa. Me giré, aún con la compra en la mano, y vi a un hombre elegante y sensual vestido de negro. En su sonrisa, casi imperceptible, había atracción y peligro. Era eléctricamente excitante. Sus ojos desprendían, más que brillo, vivas llamas azules. Sin duda, era ÉL. Sonreí con timidez y me atreví a reaccionar fingiendo naturalidad. «¿Una copa de vino?». Asiente. «¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?». «Aquí las preguntas las hago yo. ¿Qué querrías tener para siempre?». Su media sonría se hizo más visible. Observé mi copa al trasluz y pensé durante un buen rato. «Lo que más ansío en este mundo es un trabajo que sea estable y una casa en propiedad». El diablo, entonces, rió, rió con ganas, y cada carcajada fue sonando más débil hasta volverse lamentos. «Antes pedían cosas reales: fuerza, lujuria, vida eterna… En el S. XXI hay transacciones que ni El Señor Oscuro puede ya conceder». Pasó a mi lado, dejando un rastro débil de olor a azufre. «¿La puerta?». «Esa del fondo. Pero, ¿no te vas en llamas?». «Endesa está imposible y “El de arriba” nos ha cortado el grifo». Salió de casa. Cuando volví en sí me asomé a la ventana y alcancé a ver a un pobre diablo cabizbajo que bajaba lentamente las escaleras del metro de Gran Vía.

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