Recuerdos: una noche en el Hilton
Mi segunda experiencia como camarero fue en el hotel Hilton. Éramos al menos 20 personas migrantes vestidas de negro al servicio de dos responsables ingleses que nos miraban con desdén. Él, un hombre mayor y estirado, con un bigote puerilmente perfilado, nos llamaba “bichies”. Ella, bastante más baja, excesivamente maquillada, excesivamente todo, nos dedicaba desde abajo un gesto de superioridad.
Yo estaba bastante nervioso, hasta que entré en la sala habilitada para unas mil personas. Había una pantalla donde proyectaban fotografías de películas mudas. Una mujer vestida de largo cantaba “Summetime” cuando llegaron los invitados. Luego llegó el jazz, después Frank Sinatra, más tarde Michael Bublé. Yo sentía que era un invitado más y servía al ritmo de la fiesta. Mi mente me dejó llevar a ese rincón donde la realidad y la ficción se funden. Pensé en el hotel de Pretty Woman, cuando Julia Roberts interpreta a Gilda. También evoqué a Chico y Rita porque, mientras servía los segundos platos presentí que en cualquier momento Rita susurraría al micrófono un “Bésame mucho” y mis manos en la sala serían negras por un instante. Incluso también navegué al Titanic. Un compañero muy simpático alto con fisonomía indígena y nariz aguileña me ayudó a buscar un cuchillo para la mantequilla y, como no lo encontrábamos, me llevó corriendo por todos los pasadizos del hotel hasta las cantinas. Reconozco que fui infiel con la imaginación. No pensaba en el sexo, sino en el ritmo de la escena, cuando los protagonistas se perdían por el barco y terminan haciendo el amor en las cocheras.
Salí de allí extasiado. Mis compañeros fumaban, cansados, con ojeras, y maldecían a Inglaterra y a sus negreros. Yo portaba el ritmo de la noche en mis entrañas. De camino al Red Bus, junto al mar, veía mi propio vaho. De él salieron las últimas notas de aquel "Summertime".

Me encantaaa!!!! El final top top
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